miércoles, 2 de diciembre de 2009

Ensoñaciones VI: Patrulla nordeste

Patrulla nordeste
Demal se cargó la mochila al hombro, sintiendo el familiar peso del rifle de plasma en la cadera. Caminó hacia el agujero iluminado por débiles luces eléctricas en medio de la infinita tundra nevada, que se confundía con el cielo, dando la impresión de estar dentro de una enorme esfera blanca.
Bajó las gastadas escaleras entrando en lo que en otro tiempo fue una estación de metro. Tras poco tiempo de caminar, volvió a sentir el viento y la nieve, al llegar a un derrumbe. Era realmente tenebroso: en la penumbra, las figuras se recortaban emitiendo una espectral luz azul.Una ancha tubería, sostenida por anillos de metal se extendía por debajo de una vieja línea con un tren magnético abandonado. A la izquierda, una estructura semiderruida se alzaba sobre cuatro columnas que sostenían sus paredes de cristal y su cúpula destartalada. Caminó, observando derrumbes similares, hasta que, en uno de ellos, vio fuego detrás de una de las líneas. Se encaminó deprisa allí y observó algo inesperado.
Una nave estrellada allí, entre la nieve. Y no una pequeña, una que mediría casi cuatrocientos metros de eslora, con varias cabinas y ventanales y una torre de mando de cuarenta metros de diámetro. La nave estaba tendida sobre el blanco suelo como si hubieran intentado aterrizarla. Tenía un gran agujero en medio, de hecho, se había partido por la mitad. Los daños no parecían resultado del choque sino más bien un ataque con un armamento de gran potencia. Entró por el agujero y vio un espectáculo horrible. Todo estaba destruido. Había cuerpos desmembrados tirados por todas partes, esparciendo la sangre y las vísceras por toda la cámara. Aunque estaban destrozados por la descompresión, se veía que no eran humanos. Tenían la piel de un color azul claro y tentáculos en vez de dedos.
Dios mío, pensó Demal, extraterrestres. Es el descubrimiento más importante de la historia de la humanidad.

Eso había ocurrido hace año y medio. Y ahora, sentado en aquélla nave, lo recordaba con nostalgia, arrepentido de habérselo contado a todo el mundo.
Porque eso había iniciado una guerra. Una guerra que se estaba cobrando un número de vidas humanas y extraterrestres exorbitante, sobre todo por la utilización por parte de los humanos de naves kamikaze.
En una de las cuales se encontraba ahora sentado.
El último pensamiento que le cruzó la mente antes de que su nave se estrellara en una gran nube de fuego contra la nave enemiga fue que debería haber recibido los mayores honores por haber hecho aquél descubrimiento, El descubrimiento más importante y más nefasto de la historia de la humanidad.

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