martes, 1 de diciembre de 2009

Ensoñaciones II: La luz del Arawënd

La luz del Arawënd
Él luchado muchas lunas. Combatido en muchas batallas y llevado a su cuerpo y a su alma casi hasta el borde del abismo... Y después hasta la gloria.
Pero nada podía compararse con esto.
Nada podía compararse con el momento en el que su lanza, brillando con una mágica luz y revestida de un poder ancestral iluminaba todo a su alrededor con una nube de magia de un color difuso.
Nada podía compararse con el momento en el que su lanza destellaba mil haces de luz hacia todos los rincones y refulgía bajo el efecto del poder arcano, haciendo que su lanza en brillos espectrales y oscilantes.
Alzó aquél arma susurrando palabras en el idioma de los dioses.
La blandió con fuerza sobrenatural contra aterradas filas de enemigos, que volaron sin esfurzo enormes distancias. Se alzó por fin sobre las piedras sagradas, alzó la lanza y pronunció por fin esas palabras, revestidas ahora de poder ancestral emanado de lo mismos dioses...
¡Ta túa du ohmítril!
El eco las repitió varias veces mientras se alzaba el silencio.
du ohmítril... du ohmítril....
Entonces empezó.. Una gran roca se deslizó...
Y el enorme haz de luz se precipitó hacia afuera.
El poder le envolvió como una manta, se elevó, levitando, en una nube de luz azul, blanca, roja, ambarina, de colores desconocidos para un simple mortal.
Y entonces supo. Conoció. El saber lo inundó todo dándole a las cosas su auténtico aspecto.
Sonrió ligeramente.
Era como había esperado.

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