Klein
El capitán Klein alzó la desconsolada mirada hacia el negro cielo y lloró, privado de consuelo. Llora por la derrota, por todas las esperanzas destruidas en combate. Pero sobre todo llora por una razón: los miles de compañeros y amigos caídos defendiendo honrosamente su causa.
¡Oh dioses, porqué me habéis abandonado!
Pero entonces él pensó que todavía podría haber algún dios de la guerra de su lado. Pensó que si invocaba a los inmortales regidores, tal vez fuera escuchado.
Se alzó, usando sus últimas fuerzas, sobre las rodillas y clamó hacia las estrellas:
Lándrades y Léndredes, Aromals y Ases
dioses de la guerra,
¡escuhadme!
Desde este panteón donde yacen todos mis compañeros
¡yo os llamo!
No os pido mi vida,
no os pido mi honor.
Os pido por ellos, para que encuentren un lugar en los Hados
¡Por ellos, en pos de su honor!
Klein sonrió, porque sus lágrimas se fueron transformando en ácido que quemó a todos los enemigos.
O quizá también sonriera porque una nube comenzaba a llevársele ya hacia las estrellas…
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por fin veo los peces !!!
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